Hacía tiempo que quería escribir esta entrada.
Recuerdo, hace casi 10 meses, estuve como loca buscando una Escuela Infantil en Pinto. Como no me dieron la pública, tuve que patearme las privadas.
Recuerdo no haber encontrado información relevante de ninguna E.I. que fuera privada/concertada por Internet. Pero claro, ¿qué padre -que los hay- que se precie -que no los hay tanto-no va a entrevistarse una a una en el lugar donde pasará buena parte del día su hij@?
No obstante me hubiese gustado mucho conocer la opinión e impresiones de otros padres antes de visitar una u otra.
Y eso es precisamente lo que voy a hacer yo. Opinar -¡qué a gusto se siente una cuando es libre de opinar! a quien no le guste lo que digo o cómo lo digo le basta con dejar de leer-.
Tenía claro que llevaría a Celia a una Escuela Infantil, no ludoteca ni guardería. Por tanto esta opción descarta varios centros.
Elegir esta opción ha venido por el componente pedagógico que tiene una en pos de las otras. El nivel asistencial lo sobreentiendo en las tres. Por tanto, hablando en plata, si pago es para que Celia saque más "chicha".
En Pinto, hay varias, pero sólo 2, que yo supiese, eran homologadas por la CAM -me da mas tranquilidad eso de las inspecciones-. Además, si Celia continuaba otro año más, tendría la posibilidad de solicitar beca, ya que cuando la fui a meter estaba fuera de plazo.
En primer lugar fui a la "popular" de Pinto "
Pegotitos", tenía buena fama. Llamé y me citaron para un día.
Me atendió la subdirectora. Psicóloga. Me enseñó toda la guardería. Buenas instalaciones en general, algo oscuras las clases de abajo para mi gusto, pero no me importó en absoluto, Celia estaría ese año en las de arriba. Cocina propia. Había además un
vídeo muy chuli de ellas en internet.
Trataron muy bien a Celia y bueno, pese a que no era económica, la impresión habría sido muy buena. Habría. Si no hubiese estado escuchando como música de fondo el llanto incesante de un bebé -justo de la clase donde iría mi hija-. La visita duró 30-40 minutos. Y lo estuve escuchando todo ese tiempo. Que se lo digan a mi empapado sujetador.
Pero esto no fue lo mejor. Ésa clase, por ser la de Celia - supongo-, fué la última que visitamos. El panorama no fue nada alentador.
Hasta me he permitido el lujo de hacer un dibujo mucho más bonito que lo que allí vi.

Puede que a alguien se le haya caído las retinas ante semejante dibujo y letrujo. Bien, lo siento por ellos. Pero a mí se me cayó el alma.
Una profesora agitando con fuerza pero con desgana un sonajero delante de un bebé con cara de póker. Mi sensación fue de que se puso a hacerlo cuando entramos.
Y ese pobre bebé, que no paraba de llorar, sin nadie al lado...Ufff! de verdad, fue mucho peor que mi dibujo.
La frase que rubricó la estampa vino de mano de la psicóloga subdirectora : "Con él siempre igual, siempre está llorando, es el llorón"
Ti Ti Plasss!!
(tambor tambor platillo)
Evidentemente la cocina propia, el patio tan mono y sin tierra, las clases tan temáticas, se fueron a cierto ortolugar.
La sensación de desamparo que estaba viendo de ese niño me dejó un gran desasosiego.
Me dirigí a Chiquihouse, no nos engañemos, cutre cutre, antes más que ahora. Me entrevisté con la directora. No me cayó muy bien. A lo largo del curso me cayó peor. Ciertamente, las instalaciones pasaron desapercibidas para mí. Había algo que me gustaba. Lo quiero contar tal y conforme yo lo percibí ese día. No me fijé en las aulas. Ni en el despacho. No vi nada en especial. Sólo atendía al ruidillo de fondo. Risas. Sólo risas. Mucho jaleo y risas. Una profesora con acento extranjero gritaba por encima de ellos y cantaba y se oían aplausos y risas. Y gritos.
Estaba más que decidida a llevarla ahí. Mi niña se merecía esa felicidad también.
Y allí la llevé.
Siempre SIEMPRE que iba por Celia - no importaba la hora, yo entraba cuando quería porque había un detector de huella dactilar- estaba feliz. Siempre en brazos de esa profesora con acento extranjero. Tenía miedo de que ese niño que lloraba sin consuelo fuese mi hija. Celia necesitaba, por aquel entonces, muchos brazos, mucho amor y tenía que asegurarme de que lo tendría en mi ausencia.
A lo largo del curso tuve muchos pormenores. Esas instalaciones que apenas dí importancia en su día, fueron en, gran medida, culpables de ellos.
Un día econtré a Celia en body en la sala de dirección - antes acostumbraban a meter ahí a los que se iban despertando, menos mal que han abandonado esa práctica ya que la mayoría de las veces pillaba comiendo a la "dirección", jamás a las dos profesoras-, en esa sala sólo cuentan con un calefactor en invierno. Cuando yo la vi, no estaba puesto. Además, acababa de empalmar varias "infecciones de vías altas". Creo que el fuego que eché por los ojos llegó a verse en Parla.
Recuerdo haberla recogido y haberla abrigado porque tenía las manos y los pies helados. Durante todo el invierno.
Celia necesita moverse mucho y ese patio-pasillo no le era suficiente. Llegaba a casa speedica. Con sueño -porque no solía dormir la siesta durante más de una hora- y muy nerviosa. Tras nuestra hora de teta y mimos, yo conseguía comer en el mejor de los casos, a las 17:00, tras haberla dormido.
Tampoco me gusta su política de " está enfermo, yo medico previa autorización" lo siento, pero si Celia está enferma puede pegárselo a otros, igual que otros a ella...Si pasa de 38 ºC, mi niña dónde mejor estará es en casa, igual que el hijo de cualquier otro.
Además, cuentan con un aparato de aire acondicionado en una de las dos aulas. Cosa, que me he enterado ahora, que está prohibida. Deben tenerlo, como mucho, en las zonas comunes. Celia tuvo varias faringitis en verano.
En cuanto al resto de instalaciones, las fotos hablan por sí mismas.
Desde luego Celia no hubiese ido ahí si no hubiese sido por esa señora de lengua extranjera. Las instalaciones se pueden mejorar, pero ese amor que me consta que recibió, es inmejorable.
Sólo por esto, recomiendo esta guardería en Pinto como alternativa a la pública, si I. o A. - quien ha tenido mucho tiempo como referente a I. -se van a hacer cargo de tus hijos, y tú también vas buscando un regazo que sustituya el tuyo por unas horas. Pese a sus directoras -o hermanastras, como las llamaba yo-.
Ahora mi niña está en una de las públicas. Sé que no tiene tantos bracitos, pero también sé que ya no los necesita tanto.
CLC